Cosas a tener en cuenta

Funciona por ahí una especie de regla general que dice que las piedras blancas -transparentes-, azules y rojas no presentan problemas a ha hora de trabajar con ellas: GRAN ERROR. Por esos tres colores, esa “regla” básicamente se refiere al diamante, al rubí y al zafiro azul. Pero con la cantidad de tratamientos que se aplican a casi todo tipo de piedras actualmente, no hay que confiarse.

Cuando el trabajo sobre una pieza -que lleva piedras de cuya identidad (o posible tratamiento) no estamos seguros- implica dar un buen calentón a esas piedras, lo mejor es desmontar la o las piedras. Más trabajo, sí, más costo, también, pero nos podemos ahorrar algún que otro disgusto.

Otra cosa. Las piedras de color -todas- son muchísimo más blandas que el diamante. Esto no solo implica cuidado con las limas, lijas, gomas de pulir, etc. El simple polvo de lija adherido a los dedos puede hacerlas perder parte de su lustre. O sea, que si tenemos que manosearlas mucho -p.ej. cuando fabricamos una montura o preparamos el ajuste en un engaste, y hay que estar comprobando casi continuamente que vamos bien de medida-, es muy aconsejable limpiarse las manos con frecuencia, aunque sea con el cepillo y luego con un trapito, pues ese polvo puede provocar infinidad de  microsópicos “arañazos”  que todos sumados, hacen que se pierda parte del pulido. Y también acordarnos de nunca dejar una piedra de color apoyada sobre la tabla, ya sea sobre la bandeja o sobre la mesa, pues un posible daño o pérdida de pulido va a ser mucho más visible en la tabla que en la culata. Un saludo.

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