APRECIANDO LAS PIEDRAS DE COLOR (3)

Talla

A pesar de todo lo dicho en las dos entradas anteriores, no hay que olvidar que la belleza de una gema reside fundamentalmente en los ojos que la miran, y ahora que vamos a hablar sobre las distintas formas en que las gemas pueden ser talladas, pues tres cuartos de lo mismos; a algunos nos gustarán más cierto tipo de tallas y a otros, otras.

Vamos a refrescarnos la memoria y ver las distintas partes de una piedra tallada.

El objeto de la talla es que a partir de un cristal natural en bruto, se consiga una gema que luzca lo más bella posible. La belleza de una gema de color depende -además de los ojos que la miran- del color que la luz es capaz de generar cuando pasa a través de ella, y para ello la luz debe realizar un recorrido ideal: tiene que entrar por la parte superior -la corona-, llegar hasta la culata,  reflejarse hasta la pared de enfrente, volver a reflejarse para terminar saliendo de nuevo por la corona. Creo que la foto de abajo lo explica mejor que mis palabras.

La fotografía superior muestra de manera muy clara un haz de luz realizando un recorrido ideal a través de una gema. Las proporciones y ángulos de esta talla son correctos.

Arriba, debido a una culata con poca profundidad, la luz se escapa por debajo directamente, creando ventanas, esto es, que se ve claramente lo que hay debajo, como en esa piedra azul.

Arriba, debido a una culata demasiado profunda, el haz de luz llega a reflejarse a una lado de la culata, pero se escapa por enfrente, dando lugar a extinciones, que son como una especie de manchas oscuras provocadas por la pérdida de la luz por esas zonas. Eso es lo que le ocurre a la piedra azul.

Cada especie de gema necesitará distintos ángulos de talla -culatas más o menos profundas- para que la luz realice ese recorrido ideal. Por citar algún ejemplo, una amatista necesitará mas culata que un peridoto, y éste más culata que un zafiro.

Hasta ahora hemos hablado de la talla y sus ángulos, como viendo la piedra de perfil, igual que en las fotos donde se observa el recorrido del haz de luz. En la siguiente entrada veremos algunas de las formas más comunes de talla -oval, redonda, perilla, etc.- y cómo pueden afectar al valor y a la durabilidad de una gema.

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APRECIANDO LAS PIEDRAS DE COLOR (2)

El color en las gemas. Ya dijimos que probablemente el color es la característica más importante en las piedras preciosas de “color”, su mayor virtud. Pero como también nos ocurre a las personas, las virtudes no suelen ser concedidas ni poseídas en su grado máximo.

En muchas gemas se da lo que se llama color zonal, que significa que el color no está distribuido uniformemente por todo el cuerpo de la piedra, sino como a manchas. Cuanto más uniforme sea la cobertura del color por todo el cuerpo de la piedra, mejor.

Foto: Wimon Manorotkul

En el zafiro de arriba se aprecia claramente el color azul como a manchas en el interior de la piedra -justo en el centro, como unos trazos azules inclinados-. Esto afecta a su belleza y a su valor, en negativo, claro. Hay que decir que apreciaremos y juzgaremos el color mirando la piedra desde arriba, que es como normalmente se observan las piedras una vez engastadas en joyería.

¿Y qué factores influyen para que una gema luzca una buena cobertura de color? Es difícil tratar de explicar la calidad del color en las gemas de “color” sin echar mano del resto de las caratcerísticas mencionadas en la entrada anterior: claridad, talla o incluso el tamaño.

Claridad

Cuando hablamos de claridad en las gemas nos referimos a su pureza o limpieza, esto es, la existencia o no de inclusiones en su interior.

¿Y qué son las inclusiones? Dicho de manera rápida, son cosas que hay en el interior de las gemas,  que fundamentalmente van a consistir en cristales de otro tipo o del mismo tipo de mineral al que pertenezca esa gema, fisuras o pequeñas exfoliaciones, huecos en el interior de las gemas que a su vez pueden albergar algún tipo de líquido, de gas, de cristal o las tres cosas a la vez.

De todo puede haber en el interior de una gema. Cuando una joya lleva engastada una hermosa gema natural, también posee el pequeño universo que esa gema lleva dentro.

Foto: Wimon Manorotkul

De estos tres granates espesartina, se ve que el de la derecha alberga gran cantidad de inclusiones que afectan a su transparencia, porque esas inclusiones impiden el paso limpio de la luz.

Pero a veces, en ciertas gemas de color, es deseable que existan cierto tipo de inclusiones,

pequeñas y numerosas, pues van a ayudar a que la luz, al reflejarse y tamizarse a través de ellas, alcance casi todos los rincones de la gema. Este tipo de inclusiones son muy apreciadas, por citar un caso, en el rubí y en el zafiro, pues dan a estas piedras un brillo y un color como aterciopelado. Como las arrugas, las inclusiones también pueden ser bellas.

Las que no resultan tan bellas son las fisuras, pues interrumpen el paso de la luz, y si esas fisuras alcanzan el exterior de la gema, pueden llegar a suponer un serio riesgo de fractura, tanto en el momento del engaste como en el posterior uso de la joya si no son tratadas o mejoradas. Precisamente, una de las primeras entradas en este blog estaban dedicadas a un tratamiento o mejoramiento al que eran sometidos ciertos rubíes con gran número de fisuras.

El comercio del diamante es muy meticuloso con el tema de las inclusiones. En el planeta de las gemas de color no se presta tanta atención al número exacto, tamaño o localización de las inclusiones, sino al aspecto y color general de la gema, y a cómo pueda lucir ésta una vez engastada en una joya.

APRECIANDO LAS PIEDRAS DE COLOR (1)

Esta nueva entrada es la primera de una serie dedicada a intentar conocer más sobre el modo de apreciar las gemas, sobre cómo mirarlas, saber en qué se fija nuestro cerebro cuando está delante de una piedra hermosa, sin decírnoslo, sin dejarnos pensar. Probablemente se fijará en su color, en su pureza, en su tamaño y en su forma. Hoy quiero hablar del color. Pero antes, una breve introducción.

Foto: V. Pardieu/GIA Bangkok. Cristal de Tanzanita.

El diamante es la única gema para la cual existe un sistema más o menos objetivo que realmente ayuda a su clasificación en determinados grados de calidad, y lo que es más importante, ese sistema es aceptado y usado en el comercio de esta gema a nivel mundial.

El comercio de piedras preciosas de color no tiene esa suerte, y las valoraciones suelen ser bastante subjetivas. A pesar de los intentos y sistemas varios que han existido y existen, todavía no hay uno que sea globalmente aceptado en el mercado, lo que implica cierta dificultad cuando toca ponerse de acuerdo sobre la calidad y el precio de una determinada piedra o de un lote de ellas.

Aún así, cualquiera de nosotros, al echarle el ojo a una piedra, sabe decir si lo que tenemos delante es bonito o no, si capta nuestra atención, si nos enamora.

¿Qué pasa en esos momentos por nuestra cabeza? En la del joyero profesional o en la del tratante de piedras, en cuestión de segundos se analizarán los aspectos que comentamos al principio, esto es, el color de esa piedra, la ausencia o exceso de impurezas, la forma o la talla, el tamaño o el peso, y cosas por el estilo. Ellos analizarán cada uno de esos detalles de forma consciente. Nosotros lo haremos de forma inconsciente. Pero al final, con la única ayuda de nuestro gusto, podemos llegar a conclusiones muy similares: ¡caray, qué piedra tan bonita! ¡Ay, qué piedra tan sosa y apagá! Aunque ni siquiera sepamos muy bien de qué gema estamos hablando.

Color

Puede que sea la característica más importante a la hora de que una gema nos guste o no. Al hablar de color se suele diferenciar entre tonalidad, saturación y valor.

Tonalidad. Pues es lo que comúnmente denominamos como el color de la piedra, esto es, roja, verde, azul, etc. Si por ejemplo es verde, nos fijaremos si ese verde tira hacia el azul, o más bien hacia el amarillo, o si es un verde verde. No sé por qué, pero para apreciar ligeros matices de tonalidad, las mujeres suelen tener mejor ojo que los hombres.

Las piedras totalmente blancas o totalmente negras carecen de tonalidad (color), son acromáticas.

Los tonos marrones no son propiamente colores (no los vemos en el arco-iris), sino más bien variaciones del naranja y del amarillo.

Parece que la mayoría de nosotros somos inconscientemente atraídos hacia los rojos, azules y verdes, por eso son siempre tan atractivas las gemas que lucen esos colores, y cuanto más intensos, más atractivas. A mí, las azules y las rojas rojas me quitan el sentido; las verdes, no sé no sé, será por ese respeto -a veces temor- que sentimos los engastadores ante las esmeraldas.

Foto: Wimon Manorotkul.

La piedra del centro es de un verde verde. La de la izquierda parece que tiene un toque de amarillo. En cambio, vemos que la de la derecha tira claramente hacia un verde azulado. Esto es lo que llamamos variaciones en la tonalidad.

Saturacion. Nos referimos a la intensidad del color de una piedra, al grado que su color se aleja o se acerca del blanco o negro total (acromaticidad).

Ilustración: R.W. Huges.

En la figura superior vemos que hay colores cuya saturacion máxima es más clara (tiene más blanco: absorbe menos luz) que la de otros colores, como el amarillo respecto al violeta. En cambio, verdes y rojos en su máximo grado de saturación tienen una luminosidad o Valor muy similares (más o menos absorben la misma cantidad de luz). También se suele decir que cuanto más puro sea un color, y menos el resultado de una mezcla de varios colores, más intenso nos va a resultar.

Valor. Hablando de la Saturacion casi hemos explicado en qué consiste esto del Valor: la cantidad de luz absorbida por una gema, si es más clara o más oscura.

Una gema oscura necesitará más luz que una clara para lucir bonita. Este detalle es importante a la hora de comprar. Por ejemplo, una sortija con un zafiro algo oscuro puede lucir llena de vida bajo los focos en el escaparate o sobre el mostrador de una joyería; pero, una vez comprada, cenando en un restaurante donde haya una luz más bien tenue, ese mismo zafiro podría verse oscuro y sin mucha vida.

Foto: Wimon Monorotkul.

Arriba vemos cuatro zafiros con marcadas diferencias en Saturacion y Valor. 1: saturacion y valor bajos, o sea, una piedra más bien clarita. 2: una saturacion y un valor que dan un color casi ideal, el que un espera en un zafiro azul. 3: tiene mayor saturacion que la piedra 2, tiene buen color, pero ya empieza a verse algo oscura (podría ser la piedra del ejemplo del restaurante). 4: tiene un valor tan alto (oscura) que la saturacion se ve bastante reducida, apenas se ve el color azul, casi todo es negro.

En la próxima entrada hablaremos de algún aspecto más del color, y sobre la claridad en las gemas, su pureza o limpieza interior. Y de cómo, contrariamente a lo que se podría esperar, a veces es mejor que determinadas gemas contengan en su interior determinado tipo de inclusiones o impurezas.